No me gustaba estudiar arquitectura, siempre había en mí una
inquietud mística. Una vez me dejaron maquetar la casa de mis sueños, y plasme
lo que soñé. Hice unas paredes a escala con un realismo increíble, estaban
derrumbadas, en lugar de muebles puse un alud de lodo habitando la casa.
Desde entonces creo que soy de esos místicos que solo es un pesimista
con mucha imaginación. Tal vez me hubiera hecho famoso anunciando el fin del
mundo. Lo malo es que ya está ocurriendo... según mis sueños, no sé que tanto sea
real pero es paranoica-mente fascínate.
*foto de la exposición "espacio abierto de SOMA", obra de Antonio Monroy.


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