Y entonces vi ese cadáver de un búfalo
despidiendo un fuerte olor, era como una alfombra del horror con gusanos
y hoyos en la piel casi como telarañas, su estomago estaba
completamente inflado... Entonces hice lo más prudente y me le fui
encima, y su estomago estalló en mi pecho. En medio de ese charco de
muerte me revolqué y unté en todo mi cuerpo su hedor viscoso. Entonces
el León hambriento que me seguía se quedo atónito. Alzó su hocico como
no creyendo el tremendo hedor. Entonces gruñó y se alejó lentamente sin
voltear.

No hay comentarios:
Publicar un comentario