Allí estaba ese hombre lobo, ¡totalmente fuera de sí! Me le
acerque, y lo miré fijamente. Y puse mi objeto mágico frente a sus ojos. Él veía con mucha atención mi objeto mágico y
como brillaba, veía como lo movía de un
lado a otro. Me vi como un buen hipnotista, le hablé con voz fuerte y muy
clara, él cerro los ojos, entonces le dí instrucciones y él las siguió. Y es que él vio que el brillo de
mi objeto mágico (un revolver bendecido por el papa) era por las balas de plata que tenia cargadas.


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